miércoles, 6 de septiembre de 2017

Pensaré que el taxi se utiliza como último recurso.

Hacía días que no podía sacar plata del cajero. Hoy me enteré que me desplumaron entre el fin de semana y el lunes con una tarjeta de débito clonada. Perdí casi todos los ahorros para el futuro, como si fuese la tecla que dejó de funcionar hace un mes. En otro escrito. A veces, puede que esto pasó de la misma casualidad cuando me quedé sin luz y no tenía plata para comprar velas. También como una despedida heterosexual con el trago de siempre escuchando canciones. Esas conexiones raras que hago. Cuando me sacaron todo del placard, como si fuese un robo a la intimidad, un poco necesaria en retrospectiva. Ese clóset tan bien acomodado. Eso sí, casi todo lo poblado no se usa. Como una sobreinversión o por sobrepeso. Un fin artístico de las cosas que era un secreto a voces.
Estuve leyendo esos pensamientos etílicos que tuve en mi última relación seria de 2011 publicadas en las redes sociales. Ahora te recuerda todo, incluso que borré muchas canciones de U2. Una casa, clases y como me fui cayendo a pedazos hasta perderlo todo. Desde un principio esa relación no estaban bien porque estaba de novio con la botella. Se sabía. Se supo desde un principio. Nos chocaron con el tintineo del vidrio. Me sorprendo porque esperaba que iba a estar mucho más edulcorado de palabras más vacías que pude leer en el otro blog. Mis compañeras del laburo me decían: “No se te ve muy feliz” y mi mejor cara de panqueque flambeado al rhum. En otra situación sentimental. Aunque no las deseáramos volver a ponernos en la boca de una terminología. Pasaron igual, el tiempo corrió y se nos cayó el culo en la trinchera.
Me atravesaron los pensamientos de un posibilismo que pudo haber tenido otras consecuencias. Una presión informática del osito que te comiste en la oscuridad. Pequeña inocencia. Cuando creíste en el desvío que tapaste con el humo que despedías. Pero ese rumbo estaba marcado por una maleza bien guardadita. Y el humo se sabe, se despeja. Una lesbiana conocida me dijo que los tapados son muy psicóticos. No tengo los argumentos desde dónde lo pudo sacar pero ciertas experiencias, propias y ajenas, me seducen por creerlo como justificación de esas medias que no uso. A esta altura, innecesarias.
Para ponerle un poco de casualidad a la noche: Septiembre comienza como un mes de mierda. Un amigo que murió hace 17 años que me cae como un loop irresuelto y un año desgraciado para la quiniela, pese a varios logros que de a poco incorporo. Estudios y otros barcos que zarpan en actividad. Las muestras que dejé de preparar. Cosas que dejé de comulgar. Choques como silencios. Criticar por hacer. Un panoptismo que se vive en la virtualidad como en casa.  Y ahora me robaron sin abrir la billetera. Como lo invisible que nos agarra como transeúnte en trance.  Casi me pisan cuando estaba subiendo a la orilla de la vereda cuando fui de compras. También fui novio alguna vez. Otro trago. Sacó otro trago. Perdí cierta trama en tantos lugares que visitaba. Me puse muy aburrido con los años. Leñoso. 
Ya no es tan fácil quedarte en un vestuario. Digámoslo. Antes pasaba en la clandestinidad. Hoy tenemos luces a nuestro alrededor. Dejó de ser una fantasía platónica del hombre de las cavernas. Quizá tenga otro feedback a la hora de lo concreto, resumido. Alguien se acerca y de la nada te da una charla sobre las degustaciones. Y se te para la pija. Pudo haber sido un defecto. Antes. 
Cuando te vas de compras y te preguntan si es para tu novia. Sí, miento con un gesto. Hagámosle ficción. Ladrón que le robó a otro ladrón, tiene otra obra. 

Jack, by Tom Petty.

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