viernes, 30 de octubre de 2015

Deco sin clicks

A las once y media
creemos.
Algumos vieron
ese llanto
como risa
en el pasillo.
La niña esperada,
sin aviso
para los chicos.
Los celos
que se confundieron
con cada uno
que vino.
Un Sabina
que nunca apareció.
Anotado
y con tachas.
Un stand up
de todos
los días
al lado.
Hay discos 
que ni
me escuchás
en el espacio.
Innumerada
para esta familia,
pero que sesostiene
en el todo. 
***
No fuiste los ojos de papá y hoy estás dando esos detalles

jueves, 29 de octubre de 2015

Despacio y Tiempo

¿Qué movimientos podés hacer cuando algunos de los bloques ya no están? Mi hermano le pondría fuentes, como hacen los orientales. Me van a costar las hojas arrancadas para una reescritura sin espacios.  Algunos lugares se volvieron stalkeos de un avance. Más que un cenicero me van a tirar un cajón de cerveza. Sucker.
Antes la imitación las hacía frente al televisor en mis soledades infantiles y adolescentes. Todavía trabajaban y no me hacía tanto problema con mis papás. Hoy veo el video de Try, Try, Try como anecdótico. Estoy encontrando viejas lecturas no leídas para seguir esos caminos donde quedaron. Un libro de separación. Sin el ribete que tanto me plagaba los textos con las oraciones largas.
Vivo con telegramas. Una forma de como convivo con ciertas relaciones. Creo que la inestabilidad a veces pasa por esas voces que apago con la música o en la combinación de mis prejuicios a la hora de la paja mental.
Parece que está todo acomodado. La semana pasada también parecía que todo estaba acomodado. Como los climas. Antes hacía calor en estos días. No creo que Emmeth Brown tenga un guion mejor de cierta involución de la especie en el 2015.
Algunos canales todavía los prendo. Como mera ilusión. Algunos elementos se componen con imágenes y celuloides. Ellos también sabrán darme en el hueso. Aunque parezca silencio.

viernes, 23 de octubre de 2015

Acá

-Hey man, slow down... Nice.
Estábamos en una cabina. Llenos de esperma seca por las paredes. No pude más por más que empujase. Acabé. Me saqué el forro con los restos de él como de los míos. Tenía un tatuaje en la espalda. Nos dimos un beso mezclado de lenguas llenas con menta de chicles y cerveza.
Nos dimos ese beso como si nunca pasase.
-Hey, man. Your name?
Después de una cogida estupenda solo atiné a levantarme los calzoncillos y los pantalones. Me supo limpiar los restos con papel tissue como nuestra acción. Lo que se nos fue.
-...
-Cat got your tongue?- me dijo.
Sin respuestas salí de la cabina. No hubo disparos después de tanto ensayo.
Él se fue para otro lado. Lo busqué para retomar lo que había sucedido. Era un tipo ideal y estaba ajeno a todo lo que nos pasaba. Busqué en el baño y no lo encontré. Cruzé en el cruising. Todos toquetearon un rato. No, se nos fue entre los laberintos.
Busco en otro error tu espera pasada como una ronda ya paga. Un despistado que te cubrió. Un vidrio roto enfrente por las circunstancias. Nadie se olvida de un elefantito que se durmió un rato antes para volver a trabajar. Cuando se te rompan los cierres.

jueves, 22 de octubre de 2015

viernes, 16 de octubre de 2015

Sin embargo

¿Nunca esperaste a que todo te sucedía?
Como una fiesta privada donde todos saben.
Estuvimos solos y estamos,
como la tortillera con el puto que no se define.
Un aleph es una fiesta vieja.
Las telarañas con los hits que se fueron.
Vivimos

La Gaviota

Soy bastante cagón. Varias veces pensé en suicidarme pero no me dan las agallas. Siempre encuentro un pero para el peso. Era para otra frase. Hubo varios períodos de mi vida que siempre le encontraba el fin a solucionar toda esta desesperanza que me ataca y de algún modo, mis medicaciones todavía me sostienen.
En la adolescencia, cuando ya me decían y no me daba cuenta del puto que fui descubriendo, escribí una nota ficcionalizada sobre mi muerte. Lo escribí con la voz de una chica en una máquina de escribir. Le puse Natalia. De alguna manera, uno de mis hermanos se enteró y se armó un bardo terrible con un compañero del colegio. Creo que, a pesar del paso del tiempo, hubiera dejado el puto sin el punto final. Si total, ya lo era. No quería reconocerlo.
Cuando terminé la secundaria y empecé la facultad, tuve un bajón anímico muy grande. Mis viejos habían perdido su trabajo y yo estaba entre laburos. Era bastante depresivo todo. Mi sexualidad no se definía con putas y me pagué un taxi boy. Estudiaba para contador y no me gustaba. Un día quise ahogarme con una almohada. Un juego infantil. A la mañana siguiente, mi vieja me despertó con el suicidio de Favaloro. Era una señal, no me mato más.
En mi primer brote psicótico hubo deseos de morirme. La cabeza funcionaba a mil voltios en soledad. Estaba con una paranoia enorme por efectos de la abstinencia al alcohol y no me podía dormir hacía días. Hice lo imposible. Me llevaron al psiquiatra, me dieron unos ansiolíticos y me mandaron a dormir. Estuve delirando por un buen rato. Los aparatos se detenían con mi mirada. La compu se tildó. Empecé a tener la sensación de un pedido de saltos. Tenía el balcón a mano y me pedían que salte, que salte. Ninguna malvada voz interior. En un llamado a mis viejos les pedí que me ayuden con mis pensamientos y me llevaron al sanatorio Mitre. Me inyectaron un calmante del cual me despedacé a llantos con el pinchazo. La droga no me durmió del todo mientras me llevaban en el auto. Viví tres meses en el cuarto de mi hermana hasta que se armó bardo con mi viejo y me mudé. El balcón empezó a tener una red, por si las moscas.
Hoy el suicidio para mí es parte de mi trabajo. Vivo de un medio de transporte donde la gente se mata sin gastar un peso. Salta a las vías y chau picho, no hay vuelta atrás. Hubo días que tuve en menos de una hora, dos muertos. Vi videos de tipos dándole su último baile dedicado a la muerte. A veces trato de pensar en lo que pudo haberle pasado al otro para tomar semejante decisión. Soy tan fashionable que no me imagino en pedazos de carne cauterizada entre la mugre y los hierros debajo de una formación.
Hoy pensé en quitarme la vida. Por boludeces domésticas, si me las pongo a pensar. Me salvó que tengo la tarjeta de crédito con gastos de por lo menos año y medio por delante. Consuelos. Para cuando termine de pagarlas, supongo que tendré otros problemas por resolver. La existencia, a veces, te juega otras pasadas. En otros escenarios. El suicidio no es un tubo de ensayo.

domingo, 11 de octubre de 2015

La noche en los bares

Como giré ante su mirada. Fuí en busca de satisfacción momentánea. Me encontré en la barra y pedí una pinta. Me quedé apoyado en la barra a ver qué encontraba. Soy bastante tímido y siempre ando con los rayes químicos que me sostienen. Y él apareció.
-Acá no se puede fumar, pero ¿Tenés fuego?- me dijo y me sonrió.
-Hay un fumadero arriba.- le contesté.
Subimos.
El balcón del bar estaba lleno de gente. Nos predimos unos puchos y charlamos un rato. Hablamos de la música que sonaba en el bar. Coincidimos que no había nada nuevo. Compartíamos los mismos gustos. Como dos pompas en el mismo sitio. Nadie se animaba a dar el primer paso. Al lado se prendieron un porro y se olía a cerveza añeja. Él estornudó.
-Me da un poco de alergía esto.-me dijo
-Hace mucho que no fumo porro. Por prescripció médica. No me molesta que fumen.-le dije.
-Podemos ir a otro lado ¿Te parece?- me retrucó.
-Bueno, dale-
-Vivo acá a unas cuadras ¿Querés venir?- me preguntó.
Bajamos las escaleras. Fuimos caminando por el centro de la ciudad totalmente vacía. Íbamos en medio del silencio de un centro inimaginado. Se nos escuchaban los pasos. Llegamos a la puerta del edificio. Subimos por un ascensor antiguo.
Al entrar al monoambiente, que sin embargo tenía techos altos, abrió una cerveza y puso la música desde la computadora.
-Fijate que te gusta- y se prendió un cigarrillo.
Miré lo que había en su carpeta. Tenía música distribuida por género, artistas y años. Muy meticuloso, como estaba su casa. Un ambiente con un sillón cama y unas mesas ratonas. Una biblioteca tapizada por diarios viejos. Tenía un disco de Cerati. No pude resistirme en pedirle que lo ponga.
-No te veía con esa veta. ¿Querés un vaso?
-Sí, dale- le contesté.
Abrió una cerveza con el encendedor. No lo esperaba de un flaco como él. Era un twink que no esperaba tanta hombría. Tenía las cejas depiladas pero no se afeitaba su barba que le crecía como arbustos en la ruta. Nos sentamos en su sillón cama a escuchar el disco.
Hablamos de bueyes perdidos. Qué hacíamos. Nos divertimos de la rutina que llevábamos. Él se rió cuando me llegaban mensajes al celular.
-Son clippings, no te hagas drama.-le dije.
-¿A esta hora? Que molestos.-me contestó.
-Los aparatos no tienen noches.-le sonreí.
Y sonó Engaña. Se puso a gesticular la letra en lipsync y se me puso encima arriba del sillón. Me cantó la canción entre divertido y perverso. Antes de los coros de Leo García ya estábamos a los besos.
El disco quedó sonando de costado.
Cogimos. Me contó entre puchos que se vino de su pueblo natal y del laburo. Que lo jodían porque era un alien en el trabajo. Por su manera de vestirse, sus gustos. No hay empleados así, me dijo.
-Para mí es tan normal- le dije.
Nos dormimos con las primeras luces de la mañana. El tránsito hacía otros ruidos con la música que quedó en la compu. Quedaron los playlist.
Para el mediodía me mandaron un mensaje por Whatssap.
-¿Dónde estás?-
-Estoy en la casa de Alejandro- mentí.
-En un rato viene Manu a hacer el asado.-me contestó mi hermana.
-Ok.- le contesté.
Estábamos los dos acostados en su sillón cama. Él dormía y le acaricié la espalda para despertarlo. Se lo veía felíz.
-Me tengo que ir.- le dije.
-No me dejes así- me retrucó.
Nos besamos sin tanta pasión. Nos dimos abrazos de oso como rusos en lucha.
-Pasame tu celular- me dijo.
-Te mando un sms y te queda grabado.- y le mandé un mensaje.
-Me llegó. ¿Cómo te llamabas?- me preguntó.
-Agendalo como Javier.- le contesté.
-¿Javier?- me dijo con sorpresa.
-Es un chiste- y le di un beso.
Me acompañó hasta la parada del colectivo en Córdoba y Alem. No nos tocamos por la gente que estaba en la parada. Me tiró un beso como si fuese la última vez que nos veríamos.
Hoy todavía nos mandamos mensajes por las noches de desvelos y arreglamos para hacer la previa.

sábado, 10 de octubre de 2015

Sin King, Carl Sosé

Empezar a escribir de corrido. Sin tanta métrica, salieron cosas fabulosas que esperás que salgan aunque duelan en un principio. Hice lo mismo como una fiesta. La previa sin previa. Un café de mi vieja calmó la cartera llena de sacacorchos. Un globo que pasó de largo en la esquina. Sin analogía.
Empezar con las comas para poder saber usar los puntos, mis comas y  [mwa.ˈʀe]. Cuando todo pasaba por el lenguaje todo nos pasa como un efecto empírico. Mis glándulas se obturaron con un freno de mano que supo adelantarse. Algunos nos quedamos cómodos como un sintagma del análisis de sangre. Algo se puede cambiar, aún en pausas.
Si alguna vez todo viento y toda lluvia se remermora, hoy toda piel distinta nos pide algo bueno. No tan lleno de cliché, ni  fatalismo. Lo extraordinario es escuchar u oler el pedo de mujer. Sin tanto perfume. Diferente a los que nos hacemos los boludos en el viaje.
Un pez con aguas más llenas de holas que esperan arenas por humedecerse con tanto candor.

viernes, 9 de octubre de 2015

Sopor

Cuando
cae.
Sin luces,
te quedaste
en cuartos,
y se supone
el adjetivo
que corrompe
las ganas.
Los once
acordes
por dos
corazones
que se
vieron
a la salida.
Ingreso
con sentidos,
a una improvisación
sin signos que titilan.
Final como principios.
Improvisar
un desnudos.

jueves, 8 de octubre de 2015

T3gobis Stent (Entre dientes)

Lanza lápices
que se detienen
en mi mano.
Una caza furtiva
de un ready made.
Un fernecito
sin coca.
El Anito Gómez
nos dejó
sin millas.
The biss
cantó con
necesidad
de análisis.
Con un golpe
en el pecho
se te quemó
el departamento.

viernes, 2 de octubre de 2015

Salinas

Es cuando
en tu cuándo
se hace
chiquitito,
lleno de esquemas,
y sin hobby
para actuar.
Que no se te canse
tu antes,
que todos
saben
que esperan
de vos
una solución
inesperada.
El panoptista tendrá
una vida doméstica.
Alguna vez.

Stormelade