sábado, 22 de abril de 2017

Cut Here by Cure.

Viajé tarde. Anduve retrasado en la cama cómo encarar la terapia. No sabía de qué hablar. Había escrito cosas que me interesan hablar porque me hacen ruido y no sabía compartirlas.
Me tomé el 44 que va Barrancas de Belgrano. Puse la tarjera y me subí. No había tantos pasajeros y me senté al lado de la salida. La del medio.
Viajé sin escuchar música. Busqué los auriculares. No los encontré. Estuve buscando en las redes sociales lo que escribí ayer. Nada nuevo. Proclamas por lo que vendrá.
Un tipo con su hija se sentó al lado. Llegamos al cementerio de Chacarita pasando la estación de La Paternal y se preguntó si llovería. Al aire.
-Esperá que me fijo. Le contesté.
-Está muy nublado. No sé a donde ir.
Me fijé en el celular.
- Si llueve podés ir para el Centro Cultural Reecoleta y no pasa nada. Con mi voz correcta.
-Queremos ir al cementerio pero si llueve, no sé donde llevarla.
Le mostré el pronóstico del tiempo con el visor del celular.
- Me quedo tranquilo.
Algo pasó entre los dos cuando le daba las indicaciones.

  1. Como lo que pasó. A cada uno de nosotros ante las noticias.

viernes, 21 de abril de 2017

El método Grönholm

Siempre puse en el otro mis demonios. Hasta que vi una obra en San Telmo. El infierno es el otro, decía el flyer. Una obra de Sartre. Nos pusieron unas máscaras rojas para despojarnos de la misma casa. Se nos pegoteaba.
Subimos las escaleras. Pasó la obra. Bajamos por unos tragos y hablamos con la directora. Le hice referencias a quién trabajó en la dramaturgia. Ensayamos varias veces y dije que lo conocía.
Me quedé sorprendido de la falta de un actor. Había un amigo cercano que me motivó verlo en otra circunstancia. No estuvo. Hubo una actriz que me manejó desde la cama, o mueve tanto mi memoria, a lo que buscaba en esa casa. Una voz agitada.
Me fui del lugar y me preparé para ver a quién de todos del equipo de trabajo iban a echar.
Hoy me quejo de la distancia. Cuando el espectador todavía estaba en otro lado.

jueves, 20 de abril de 2017

A la hora de poner tildes.

Hay algo que me pasan con los closets. Si veo algun tapado o por el cumulo de prejuicios, no soy un buen consejero. Mi salida no fue tan feliz. Cuando te das cuenta. Con el paso de los dias las cosas se fueron complicando en mi vida. Sin razon pase de una medicacion a otra y de una casa a otra.
Quise acomodarme. No pude. Puede ser que  quise y necesite estar en la casa de mis viejos pese a mi voluntad. Me ayudaron un monton. Mi hermano se quedo en mi casa. Toda armadita. Y no volvi mas por una decision.  Logica.
Mi viejo tampoco. Una mañana subio las escaleras antes de un desayuno y se quedo ahi. En el descanso.
Con el tiempo hacemos referencias al hombre de la casa sin darnos cuenta. Se me mojaban los ojos. Uno piensa que se olvida pero hay formas que se repiten. En el trabajo, la forma de encarar la vida, en las vacaciones.  Esos silencios incomodos. A donde vayas.
Puede ser por eso que deje de escribir tanto sobre la cercania con la muerte como algunas descripciones. Y si puedo ayudar a alguien a que pueda levantar el barrilete, en algo todavia apuesto. En lo que me queda.

sábado, 15 de abril de 2017

DISCLAIMER

Leo mucho. Escucho lo que puedo. No me alcanza la vida para rearmarme entre tantas influencias de mi devenir. Podés ver una vitrina que para otros no.
Salí en búsqueda de un libro. Hubo una magia que no supo decirme. Los leídos son de la contra porque leen menos los contratos. Te lo venden sin pedir el nombre para una comisión.
Soy de los preguntadores y me dijo Sol. Hacker. La pregunta la supo antes de preguntarme sobre la novela. Pedro es el escamoso. Acepté como un chico del locutorio.
Después de aceptar, no hay vuelta atrás, amigo. Lo dijo Pablo.
Asís o tu hermana. Ningún Jedi. A esta altura de la vida. Es lo mejor. Llevalo y leelo antes que te dejen el desayuno frío. Sin preguntar si van a llover cláusulas. O te escupan como carozo de pizza.

La música de Sandro. Pablo S. Alonso.

viernes, 14 de abril de 2017

Roberto

Me llamó un amigo que vive en Miami. Estuvimos hablando mientras él viajaba en el bus que lo llevaba del trabajo a su casa. Dejó la bicicleta esta vez. La conexión se cortaba en cada parada del micro. Sonaban los tubos y esperé a escuchar de nuevo su voz.
Hablamos de música. Él no estaba bien, por las temáticas que abordamos. Las melancolías y la búsqueda en la sensibilidad artística. Visiones en los diseños de los discos. Cómo se peleó con sus compañero de banda antes de sacar el disco debut. Los cuadros que vendió y les restó importancia. Nietzsche. Hay temas que se omitieron como borrador de la pizarra. Le puse la oreja quizá, sin ponerle tanto mi voz.
Como un intercambio pasado, me dijo nombres de bandas y libros que me pueden interesar. De Ringo, lo riguroso de Sting y los viajes de Cerati en Punta del Este. Me prometió que me mandaba el libro. Intercambiamos textos en su visita a Buenos Aires hace muy poco y le llevé los míos en el verano. En Buenos Aires me sentí ausente pese a que le di mi guitarra de cuerdas de nylon. La de media caja. En la charla me pasó unos fraseos de unas canciones que tocó en casa y no quise escuchar las letras acá por lo que implicaba para mí. Como otro borrador que ponemos en las charlas. Cada uno pudo ver la desnudez de sus propias casas en cada viaje.
El diálogo se cortó mientras él picaba algo en su habitat individual. Hay diferencias horarias y no recordaba cúal era el huso. No retomamos porque se quedaba sin batería en su celular.
Cené y me quedé pensando en su deseo a que lo acompañe al Glastonbury. Me acordé de una postal de Soda antes que grabaran Signos.
En la charla me contó cómo fue su primer show de Soda Stereo. En el Superdomo de Mar del Plata. Cuando dejaba séptimo grado como el único varoncito entre sus hermanas que se iban al circo o a la peatonal. Alguien lo acompañó sin darse cuenta, me contó.

Corazón Delator, Soda Stereo.

sábado, 8 de abril de 2017

Un lugar en Kissimmee

No siempre uno deja las coronarias en un lugar. Cuando empecé a hacer teatro hace muchos años le encontré una vuelta de tuerca a la vida. Las pérdidas me hicieron hondo para afrontar la realidad sin tanta felicidad. Y el teatro me enseñó en parte a enfrentar mis demonios. Algunos me vencieron, ya. Esa constancia perdida para dedicarme a otra cosa.
Tuve varios profesores y profesoras que me marcaron bastante el corazón en sinergia con mi cabeza. Formas de pensar distintas para abordar la escena. Desde algunos silencios ante cierta desesperación sobreactuada hasta posicionarme a los gritos a poner los pies sobre la tierra a la hora de decir un texto. Y algunas me enseñaron pistas con libros complicados de leer. Los fisgoneé porque los necesito. No se hace uno solo en el andar. Uno acumula para luego en escena vaciarse dijo una vez Osqui Guzmán.
A veces sin comprender se me caen lágrimas antes de llegar y me lo guardo. Me pasó en la van entre Orlando y Miami o en la escala de Lima de regreso a Buenos Aires. Me mantuve despierto con guitarras acústicas. Sin explicarme a dónde podría llegar sin despedirme. Nunca supe su nombre, pero con el paso de los días nos fuimos conociendo y busqué formas inconscientes, aunque lloviese, por volver ahí. No es la primera vez que me pasa por sostener el salto.
Un paso en falso por los lenguajes corporales.

Always. Bon Jovi

miércoles, 29 de marzo de 2017

Camufla desnudez.

Me pide que:
le hable sin
el capo
y que suene
dos tonos
abajo como
historias
que se abren
y que nunca
empiezan
(A)pagado
a la salida
cuando esos
dos se besan